Reflexión 93: Dieciocho

Si se me diera bien la poesía, hoy sería sin duda, el día perfecto para escribir mis mejores sonetos. Sin poder (ni querer) evitarlo, hoy miro atrás con nostalgia y por qué no, con orgullo. Nostalgia de los momentos en los que dejabas que te cogiera en brazos, incluso lo pedías a gritos, y podía acariciarte y achucharte… y tú reías.

princesaNostalgia de las tardes en el parque llenándote de arena, de ver una y otra vez los mismos dibujos animados, de las horas que pasamos bailando coreografías que imitabas de televisión y de nuestros ratos musicales en los que cualquier cosa nos servía de micrófono.

Supongo que la nostalgia me lleva a los momentos en los que sentía que dependías de mí, aunque creo que tú nunca has sido demasiado dependiente. Y la nostalgia termina en el momento en el que comencé a sentirme orgullosa. Ese momento en el que fui consciente de que te estabas haciendo mayor y además, te estabas convirtiendo en una maravillosa persona, con las ideas claras, tolerante, respetuosa, coherente, responsable y sobre todo (y para mí lo más importante) libre. Libre al pensar y actuar según tus propias ideas, sin dejarte influenciar por nada ni nadie, libre al decidir cuáles son tus sueños e ir a por ellos, libre al decir lo que piensas aunque no sea políticamente correcto, libre para emocionarte con la música y llorar por tus ídolos, libre al elegir por ti misma lo que quieres y lo que no, libre al decidir dónde quieres estar y haber empezado a trazar el camino para conseguirlo… y creo que esa libertad es la clave, la base para transmitir la felicidad que transmites. Porque si yo tuviera que describirte en una palabra, utilizaría la palabra “feliz”. Y ese es mi mayor orgullo, entendiendo orgullo como felicidad y satisfacción.

En los últimos años he sido padre y madre a la vez y, aunque no siempre las circunstancias han sido ideales, ha sido un trabajo muy fácil. Tú lo haces fácil. Como niña y adolescente has sido una gran maestra para mí y estoy segura de que a partir de hoy, que entras en la edad adulta, todavía te quedan unas cuantas lecciones que darme y será un placer seguir aprendiendo.

Supongo que al cumplir los 18, una madre normal te daría una charla de esas de “ahora que eres adulta, tienes que asumir responsabilidades” pero tú sabes que yo no suelo hacer cosas de madre normal así que, aunque acabes de abrir la puerta a ser adulta,  sigue conservando tu desorden ordenado mientras consideres que eso forma parte de ti, continúa siendo cabezota e idealista, no dejes de hacer locuras por un grupo de música, no dejes de emocionarte por un nuevo vídeo-clip y sobre todo, sigue conservando siempre esa parte infantil de películas Disney y sueños con unicornios. Y, aunque te hagas mayor, nunca dejes que se rompa ese vínculo tan especial que nos une y ten siempre claro (y que no se te olvide) que eres el mayor regalo que la vida me ha podido dar.

Gracias por estos 18 años.

PD: Baby, you are perfect to me 😉

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