Reflexión 91: El día que te tatuaste su nombre

De todas las cosas que podías haberte tatuado, escogiste precisamente, tatuarte su nombre.

Supongo que es tu forma de mostrar al mundo el amor que sientes que por ella, que la recuerdas, que la tienes presente… La forma de mostrárselo al mundo, pero no a ella.

De todas las formas en las que podías haberle demostrado tu amor, escogiste precisamente la que a ella más le ha dolido. Porque para ella, ese gesto solo es una foto colgada en una red social para lavar públicamente tu conciencia, si es que alguna vez tuviste de eso.

Quizás ella hubiera valorado más una llamada de teléfono una vez al mes (por no pedir demasiado), un sms o whatsapp -ahora que las tecnologías permiten tantas opciones- o una carta de esas de toda la vida con una foto y un “te quiero”.

Han pasado años sin que escuche tu voz, sin que reciba un regalo tuyo para su cumpleaños o Navidad, sin que ni siquiera sepas si ha enfermado en algún momento o simplemente si come todos los días o si es feliz.

Un detalle tras otro que os han ido alejando cada día más, que han hecho que te perdieras sus mejores años y que ella cada vez te tenga menos presente; cada vez habla menos de ti, de hecho, casi nunca te menciona… hasta hoy. Hasta que ha visto la foto de su nombre tatuado en tu brazo. Le ha dolido. No da muestras de dolor porque aparenta fortaleza por los cuatro costados (y es fuerte), pero sé que le ha dolido.

Hoy has firmado una sentencia que empezaste a escribir hace años y que has rubricado hoy de forma inconsciente. Y a mí me duele, por los dos, por ella y por ti.

Espero que algún día puedas encontrar otra forma de demostrarle tu amor, una forma en la que ella pueda sentirlo de verdad, sin postureos, sin miradas externas de amigos de redes sociales, sin los aplausos del público…

Mientras llega ese día, y concediéndole a tu recuerdo solo unos minutos para escribir esta reflexión, yo seguiré en mi postura habitual: cuidando de ella, diciéndole “te quiero”, dándole besos, preocupándome por su salud, luchando por su bienestar, asegurándome de que sonríe cada día, inculcándole valores a través de las palabras y los actos y sobre todo, haciendo que en su día a día no eche de menos aquello que no tiene.

Mira cada día tu tatuaje, te servirá para recordar que un día decidiste ser padre y ese, es un título que se lleva de por vida, aunque no se ejerza.

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