Reflexión 86: Realidad con fisuras

La realidad está llena de grietas, de fisuras, de lagunas mentales de aquellos que la viven o la inventan. Porque tu realidad y la mía son distintas. Porque un vaso con agua no siempre es un vaso medio lleno ni medio vacío, solo es un recipiente con algo de líquido en su interior, un remedio contra la sed o un peligroso artefacto que derrama sangre al romperse en mil pedazos.

La realidad nunca es del todo real. Lo que para mí es pasotismo, para ti es indiferencia y para otros prudencia. Lo que para mí es valentía para ti es insensatez. Lo que para mí es vivir para ti es pasar el día. Lo que tú consideras normal yo lo considero rutina. La realidad tiene muchas caras, o quizás ninguna.

Y es por sus fisuras por donde la realidad permite que se nos escapen los momentos. Quizás porque estamos demasiado pendientes de nuestra propia realidad, quizás porque a veces, nos es más fácil poner esparadrapo en las grietas que enmasillarlas para cubrirlas del todo y echar una mano de pintura para disimular que allí, un día, la pared no fue del todo lisa. Y el esparadrapo no aguanta, no cicatriza, no cura, y la grieta sigue allí.

Tu realidad y la mía no son iguales, están separadas por esa grieta que, a cada paso, va creciendo, de forma casi imperceptible pero sin parar, de forma que un día, al querer acercarnos, descubramos que entre nuestras realidades solo existe un abismo. Y el salto para salvarlo tendrá que ser enorme, casi imposible. Saltaremos a riesgo de caer por el agujero que abrió la grieta al engrandecerse, alimentada por nuestras dudas y nuestros temores, y el miedo nos paralizará y nuestros mundos quedarán definitivamente separados por ese espacio que nosotros mismos provocamos, por no tapar la grieta en el momento que tocaba, cuando nuestras realidades aún estaban cerca, cuando casi se tocaban.

Nuestro sueños. Aquellos sueños que, al cerrar los ojos, dibujaban una sonrisa en nuestros rostros y evocaban emociones de felicidad en cada poro de nuestra piel. Sueños compartidos que servirían de masilla y pintura si se hubieran usado, si no hubieran sido relegados por altas dosis de racionalidad mal entendida, si los hubiésemos usado como brújula en lugar de dejarnos perder en tan absurdas realidades.

Construir cada día una nueva realidad tejida con sueños compartidos, sin dar tiempo a los espacios muertos que generan lagunas insalvables, renovarse cada día, sin esforzarnos por entender lo que llaman normalidad. Y a eso, no le hubiéramos llamado realidad, le hubiéramos llamado vivir.

 

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